¿Por qué ganó el NO en Colombia?

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Por Marcela Zapata, colombiana residente en Ecuador, Magíster en Estudios Latinoamericanos.

Lo primero es decir que entre el Sí y el No al acuerdo firmado en la Habana hay una amplísima gama de grises que no fueron considerados en la pregunta, porque evidentemente al gobierno del Juan Manuel Santos no le interesaba entrar a cuestionar esa gama de grises. Es decir aquí caben todos los peros a la aprobación del acuerdo:

  • Las concesiones de la creada “justica transicional” como si la cárcel es cárcel, o sólo privación de la libertad ¿en qué condiciones?
  • La libertad ante crímenes de lesa humanidad si se declaraba la verdad. Vale la pena preguntarse ¿cuántas verdades hay que declarar para lograr esa libertad por parte de los cabecillas de las FARC? ¿Cuántas quedarán ocultas?
  • Respecto al acuerdo de “dejar las armas”, no era claro si dejar y entregar iban atados de la mano; porque evidentemente hay un abismo entre lo uno y lo otro. Y si se cumplía una entrega de armas, cómo estarían seguros los colombianos que las armas entregadas serían todo el arsenal de las FARC? Ó lo más probable es que entregaran los rifles oxidados por la selva y el verdadero arsenal lo dejaran en una “huaca bélica”.
  • Tomando en cuenta que ya declararon que las FARC no tienen cuentas en paraísos fiscales, ni dinero del narcotráfico, cómo entonces se iba a reparar a las víctimas? Y claro, ¿quién va a creer que años de gestión del narcotráfico no ha generado ingresos?
  • Ganarse 5 puestos en el Senado de la República y 5 en la Cámara, iba a ser un “costo democrático” muy alto a la mirada de muchos colombianos.

Otro punto a considerar en los resultados es el abstencionismo: dos tercios de la población habilitada para votar se quedaron en casa. Por supuesto que habría que preguntarse ¿por qué?.

Aunque la historia colombiana muestra un marcado abstencionismo en relación a otros países, este 62,22% de abstención es el mayor en los últimos 22 años de la historia electoral colombiana.

Una respuesta ante tanta duda, y a una pregunta que no marcaba puntos medios, muchos prefirieron claudicar, otros por supuesto están al margen de una decisión tan transcendental en la historia de Colombia.

Y vale la pena además mencionar que de los 13.053.364 votos, más de 250.000 fueron entre nulos y no marcados, es decir una cantidad suficiente para poder definir al Sí como opción o re afianzar  al No. Muchos de estos votos marcados intencionalmente con mensajes y posiciones que no cabían dentro de la única pregunta inscrita.

Y claro muchos de esos No que ganaron la carrera por la desaprobación al acuerdo de paz, fueron un No rotundo contra el gobierno de Santos. Contra las profundas desigualdades marcadas dentro de su 7 años de gobierno. La ineficiencia y la crisis del sistema de salud, la pobreza extrema en regiones donde los niños de la Guajira mueren de desnutrición, de falta de agua…, temas elementales que un gobierno con una mirada centrada en sí mismo no ha podido solucionar. La venta de ISAGEN, la propuesta de reforma tributaria, el precio de la gasolina, los paros de transportistas, de las poblaciones agrícolas-campesinas, todo suma. Sí bien es cierto que el legado de la Paz se convirtió en el anhelado de Santos, dejó de lado los problemas sociales por los que pudo implementar estrategias sociales y planes ministeriales concretos.

Y por último, claro está hay un No definido y marcado contra las FARC de una población que tiene memoria histórica y que seguirá mirando con desconfianza y sed de justicia los crímenes cometidos por más de medio siglo contra la población civil. Aunque aquí vale la pena hacer un paréntesis y ver el mapa electoral de apoyo al acuerdo: son los departamentos que han sufrido los mayores impactos de la violencia los que apoyaron el Sí, y los departamentos con las capitales más pobladas las donde ganó el No. Esto tiene un significado enorme! Los más afectados por la violencia generada en esta guerra son los que prefieren mirar hacia adelante, vivir en paz y enterrar su pasado de guerra y dolor, en cambio es más fácil mirar desde el televisor la violencia de las poblaciones que quedan a cientos de kilómetros de casa y decidir que No hay olvido ni perdón a las FARC.

Finalmente no hay un colombiano que no quiera la paz. Obviamente el dilema es el cómo lograrla, y en este camino, por el momento y con esta propuesta, el pueblo colombiano dijo: así No.

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