17/01/2012 11:56 Antiguedad: 121 days
Ecuatoriano narra el horror que vivió en el naufragio del crucero Concordia
Categoría: Ciudadania
En una entrevista con diario El Universo, César Steven Avecilla Maridueña anuncia que demandará a la Cancillería ecuatoriana por abandono voluntario. Asegura que no recibieron ninguna ayuda.
Mientras cenaba en la parte trasera del barco (popa), un gran estruendo alarmó al ecuatoriano César Steven Avecilla Maridueña, de 20 años, quien estaba lejos de imaginar que aquello sería el inicio de momentos de angustia, dolor y abandono que se vivirían en el crucero italiano Costa Concordia, que encalló el viernes cerca de Roma con más de 4.000 personas a bordo.
Avecilla, un albañil sin empleo radicado desde hace dos años en el país Vasco, viajaba invitado por un amigo. En entrevista telefónica con Diario EL UNIVERSO, ayer contó que después del estruendo, el barco comenzó a tambalear, entonces corrió desde el tercer piso donde estaba hasta el sexto para tomar un chaleco salvavidas.
Volvió al cuarto piso, donde se ubicaban los botes salvavidas, y a su paso se topó con gente que gritaba y corría hacia los botes, y los que más pugnaban por subirse eran los hombres, entre ellos de la tripulación.
“Había muchos niños que lloraban porque no hallaban a sus padres. Decenas de ancianos que pedían ayuda y nadie los escuchaba. Vi gente con heridas y a una niña que quedó atrapada debajo de las piernas de la gente. La rescaté y la puse en el bote. También logré salvar a una anciana que se estaba ahogando con el agua que ingresaba”, relató Avecilla.
“No había nadie que guiara a la gente para que se salvara, ni controlara los botes. Algunas de esas embarcaciones se quedaron atascadas y se usaron hachas para cortar las cuerdas y echarlas al agua”, recordó el ecuatoriano, quien luego fue dejado en una iglesia de la isla Giglio, donde junto con otros rescatados casi mueren de frío (la temperatura era bajo cero) porque huyeron con lo puesto y unos solo vestían calzoncillos.
Avecilla perdió sus documentos porque los entregó al ingresar al barco, y al igual que su compatriota José Vidal Zambrano (de 31 años), radicado en España, también pasajero en la nave, volvieron a sus casas gracias a la ayuda de la Cancillería española, porque la de Ecuador no se hizo presente, dijeron.
Ahora ambos sufren episodios de insomnio y angustia, y por su cuenta deben obtener documentos. Coinciden en que mientras esperaban en Roma para ser llevados a sus hogares, la Cancillería de España trató de comunicarse con la de Ecuador, pero nadie respondió.
José Vidal aseguró ayer que demandará a la Cancillería por abandono voluntario, porque sí estuvieron al tanto, ya que el percance fue noticia mundial, pero no les importó.
Con asombro dijo que ayer fue al Consulado de Ecuador en Barcelona y le dijeron que pese a su tragedia tenía que pagar por el nuevo pasaporte y los demás papeles, incluso sacar su nueva cédula en Ecuador.
“Lucía Pazmiño, cónsul primera de Ecuador en Barcelona, me dio a entender que si tuve para viajar, bien podía pagarme los nuevos documentos. Qué triste que eso pase con los ecuatorianos. Los pasajeros de los otros países recibieron mucha ayuda de sus gobiernos desde que se conoció la noticia”, anotó Vidal.
Ambos ecuatorianos también piensan presentar la denuncia contra la agencia que les vendió el tour y la naviera dueña de Costa Concordia.
En tanto, ayer Teresa Ferreiro, del área de Comunicación de la naviera Costa Crucero, dijo a este Diario que en España se vendieron 226 pasajes en total, entre ellos los de los ecuatorianos, quienes ahora deberán seguir los procesos para ser indemnizados.
Ayer, la cifra de fallecidos por el naufragio subió a seis, pero se desconoce la identidad. También se retomó la búsqueda de los desaparecidos, suspendida por horas por el mal tiempo y que, según el comandante general de los guardacostas italianos no son 15 sino 29.
Entre los sobrevivientes está una jueza argentina de 72 años que nadó 60 metros hasta un peñasco de Giglio, tras verse obligada a lanzarse al mar “porque no quedaban botes salvavidas”. Al llegar al peñasco dijo que pensó: “¡Caramba, esto es como el Titanic!”.
En tanto, el capitán del crucero está detenido, acusado de mala maniobra y abandonar la nave antes que los demás ocupantes. Los diarios Corriere della Sera e Il Tirreno publicaron que el capitán del crucero pidió que acercaran la nave a la isla de Giglio para hacer una reverencia, un regalo, a su jefe de camareros y a un excomandante de la naviera, radicados en Giglio.
Entendidos en barcos, señalaron que el gran tamaño de los navíos y la procedencia multinacional de pasajeros y tripulantes los convierte en Torres de Babel. Sus grandes tamaños complican las operaciones de rescate en caso de naufragio.
Los daños en la nave ascienden a $ 93 millones y podrían subir más, si se derramara el combustible en el mar o se hundiera todo el barco. Ayer el percance produjo una baja de las acciones de la naviera en la bolsa.
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